A partir de 1850 todo el correo remitido en el territorio español debía incluir en lugar bien visible una pequeña estampilla con la efigie de doña Isabel II. Años más tarde, constituida la peseta como unidad monetaria de España y tras el derrocamiento de Isabel II, se realizaron las primeras emisiones de sellos expresados en pesetas y céntimos. Desde el mes de octubre de 1872 se irán reproduciendo en los sellos las diversas y trascendentales etapas históricas vividas por el país durante los largos años en que la peseta fue tenida como unidad monetaria. Los sellos han conferido marchamo legal al colosal número de envíos postales remitidos desde los territorios hispanos durante esta aproximada centuria y media, certificando su previo abono hasta la implantación definitiva del sistema monetario único europeo en el siglo XXI.

Quedó de este modo huella de los más variados aconteceres sucedidos en el país o de importancia para él, a través de las pequeñas imágenes que ahora se nos muestran en su conjunto en la colección que ofrecemos a los lectores de SUR. Personajes de todo tipo, hechos relevantes, flora, fauna, deportes, conmemoraciones varias, epopeyas históricas, monumentos, castillos, trajes regionales, escudos provinciales, obras de arte, costumbres… Toda una larga muestra de “lo español” ha quedado plasmada en estas pequeñas ilustraciones que son, en la mayoría de los casos, unas verdaderas obras artísticas en sí mismas, puestas en circulación por decretos de las más distantes sensibilidades políticas gubernamentales.

Desde los gobiernos regeneracionistas alfonsinos hasta las sucesivas fases del largo franquismo, pasando por la dictadura primorriverista o las dos repúblicas, todos ellos han pretendido dejar su particular impronta en los pequeños documentos emitidos con este fin, pudiendo recorrer la historia del país a través de ellos. Bellas muestras de los emitidos hasta 1930 fueron los conmemorativos del III Centenario de la publicación de “El Quijote” (1905), la muerte de Cervantes (1916), la Quinta de Goya en la Exposición de Sevilla o los dedicados al Descubrimiento de América (1930).

Durante la Segunda República se emitieron nuevos sellos para sustituir los puestos en circulación por la monarquía, tomando el gobierno la decisión de que fuesen reproducciones de las efigies de ilustres personalidades como Francisco Pi y Margall, Pablo Iglesias, Vicente Blasco Ibáñez, entre otros, así como las imágenes de las Casas colgantes de Cuenca, el Alcázar de Segovia y la Puerta del Sol de Toledo. Todos impresos en calcografía por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Mediada la década de los años 30 se pusieron en circulación importantes series conmemorativas de los 300 años de la muerte de Lope de Vega y del Aniversario de la Asociación de la Prensa, que fueron magníficamente impresos en huecograbado en Londres.

Tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior guerra civil, quedaron interrumpidos los servicios postales entre las dos zonas en que quedó dividida España. Como inmediata medida a la sublevación, el gobierno de la República implantó un eficaz correo de campaña y se mantuvieron en circulación los sellos emitidos por los anteriores gobiernos republicanos. Se lanzaron nuevas series conmemorativas destacando la del autogiro y diversos homenajes en favor de la causa republicana como a los obreros siderúrgicos de Sagunto, a la 43 División, al Ejército Popular y a las Brigadas Internacionales. Mención aparte merece la famosa y controvertida serie del Correo Submarino, puesta en circulación el 11 de agosto de 1938.

Por otro lado, en la zona ocupada por los rebeldes pronto empezaron a eliminarse los signos republicanos y ordenó la elaboración de sellos propios que, ante la permanencia de la FNMT en la zona fiel a la República, hubo de encargarlos a diversas entidades privadas. Las imágenes elegidas fueron las más representativas de las ciudades que se había unido a la rebelión, personajes históricos emblemáticos de la ideología por ellos defendida (el Cid, Reyes Católicos, Año Santo Compostelano…), o conmemorativas de acontecimientos políticos.

Verdaderas bellezas de diseño, grabado e impresión fueron también muchas de las series emitidas durante el dilatado período franquista. Y así fueron universalmente reconocidas como obras maestras de la filatelia. Desde los del XIX Centenario de la venida de la Virgen del Pilar a Zaragoza (1940) o la Tauromaquia (1960) , así como las distintas emisiones de “Castillos” y “Paisajes y Monumentos”, son verdaderas obras del arte en miniatura.

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