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Todos los sellos de la peseta

Una de las más directas consecuencias de la Revolución Industrial fue el notable incremento de las comunicaciones, lo que supuso a su vez el de la correspondencia. Todos los países se enfrentaron por ello con la necesidad de abordar profundas reformas en sus servicios de correos, tomando la decisión de modificar el tradicional sistema de pago por el destinatario, en función de la distancia recorrida, introduciendo el abono previo por el remitente según una tarifa uniforme de acuerdo con el peso del envío. En aplicación de tal medida, todo el correo remitido en el territorio español a partir de 1850 debería incluir en lugar bien visible una pequeña estampilla con la efigie de doña Isabel II, según obra de los mejores grabadores de la época, Bartolomé Corominas, José Pérez Varela o Eugenio Juliá. Desde la implantación en España de dicho sistema, por Real Decreto de 24 de octubre de 1849, que no entraría en vigor hasta el 1 de enero siguiente, todo el proceso de elaboración de los sellos de correo (diseño, grabado, impresión, trepado y manipulación) se llevó a cabo en el antiguo edificio de la Fábrica Nacional del Sello, sito en el número 5 de la madrileña calle de San Mateo. Tales funciones se continuarían realizando años más tarde en el moderno edificio de la Puerta de Recoletos, una vez que dicha entidad quedó unificada en 1893 con la Casa de la Moneda de Madrid, como Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Así las cosas, la “gloriosa” revolución septembrina del año 1868 decidió un mero cambio dinástico – a pesar de la salida de la reina y su familia para el exilio –, aunque no de régimen político, pues los monárquicos seguían siendo mayoría frente a los republicanos. No obstante, hubo que sobrecargar con toda urgencia los sellos hasta entonces emitidos con la frase “Habilitado por la Nación”, según disponía una Orden de la Junta Provincial Revolucionara de Madrid del 30 de septiembre. A pesar de ello, la rapidez con que se sucedieron los turbulentos acontecimientos durante aquellos meses no ha permitido aclarar si dichas “habilitaciones nacionales” fueron o no llevadas a cabo en todas las oficinas de Hacienda y Correos de España y Ultramar. Más aún: para atender aquellas primeras necesidades del franqueo hasta enero de 1869, hubo que emitir los últimos cinco sellos de Isabel II, cuando llevaba viviendo con su familia tres meses de exilio parisino. Tras ser barajados distintos proyectos, sería finalmente el de “la Matrona”, de Eugenio Juliá, el adoptado como efigie del nuevo régimen. De lo que sí se conserva suficiente constancia histórica es de que, a pesar de tan timorato cambio revolucionario, el ministro de Hacienda del Gobierno Provisional del general Serrano, Laureano Figuerola, agobiado por la enorme deuda que pesaba sobre el país, decidió llevar a cabo una profunda reforma monetaria. Estableció el Sistema Métrico Decimal como base de relación de los distintos valores, y la peseta como Unidad Monetaria Nacional en todos los dominios españoles, en el contexto de la Unión Monetaria Latina, mediante un temprano Decreto de 18 de octubre de 1868, quedando de este modo sustituido el escudo como tal unidad. Al mismo tiempo, las interesadas potencias europeas negociaban las distintas candidaturas al trono español, siendo finalmente elegido por las Cortes españolas el duque de Aosta, quien, con la nominación de Amadeo I, sustituyó a Isabel II en el trono del Palacio de Oriente, siendo proclamado rey el 2 de enero de 1871. A partir de las primeras emisiones de sellos de este reinado, de octubre de 1872, todos expresarán su valor en pesetas y sus céntimos. Incluso a los adaptados de “cifras” de 1867, diseñados también por Eugenio Juliá, les fueron cambiadas sus leyendas y valores faciales. Del mismo grabador son también los dos modelos del busto del monarca, uno de frente y otro de perfil mirando hacia la derecha, que con un total de once valores, se emitieron durante 1872 y 1873. Y a partir de entonces, se irán sucediendo las diversas y trascendentales etapas históricas vividas por el país durante los 134 largos años en que la peseta fue tenida como unidad monetaria, y los sellos de correos se tarifaban en ella. Ellos han conferido marchamo legal al colosal número de envíos postales remitidos desde los territorios hispanos durante esta aproximada centuria y media, certificando su previo abono en la última moneda circulante hasta la implantación definitiva del sistema monetario único europeo, el 1 de enero de 2002. Quedó de este modo huella de los más variados aconteceres sucedidos en el país o de importancia para él, a través de las pequeñas imágenes que ahora se nos muestran en su conjunto en la publicación que presentamos. Personajes de todo tipo, hechos relevantes, flora, fauna, deportes, conmemoraciones varias, epopeyas históricas, monumentos, castillos, trajes regionales, escudos provinciales, obras de arte, costumbres… Toda una larga muestra de “lo español” ha quedado plasmada en estas pequeñas ilustraciones que son, en la mayoría de los casos, unas verdaderas obras artísticas en sí mismas, puestas en circulación por decretos de las más distantes sensibilidades políticas gubernamentales. Supondría un injustificado adelanto la reproducción en este prólogo de las imágenes que el lector va a ir encontrando en las páginas de la presente publicación, limitándonos a señalar ahora las que por su belleza, armonía y estética han sido merecedoras del beneplácito general, fuera cual fuera el régimen político que decretase su emi 4 sión. Pues, desde los gobiernos regeneracionistas alfonsinos hasta las sucesivas fases del largo franquismo, pasando por la dictadura primorriverista o las dos repúblicas, todos ellos han pretendido dejar su particular impronta en los pequeños documentos emitidos con este fin, pudiendo recorrer la historia del país a través de ellos. Bellas muestras de los emitidos hasta 1930 fueron los conmemorativos del III Centenario de la publicación de “El Quijote” (1 de mayo de 1905), la muerte de Cervantes (22 de abril de 1916), la Quinta de Goya en la Exposición de Sevilla (15 de junio de 1930), o los dedicados al Descubrimiento de América (29 de septiembre de 1930). Quizás por la singularidad del caso, sí merece la pena detenerse en las más significativas series emitidas a lo largo de los ocho años del período de la Segunda República, desde el 14 de abril de 1931 al 1 de abril de 1939. Tras las necesarias y urgentes habilitaciones de los sellos puestos en circulación por la monarquía – incluidos los del busto real –, como paso intermedio obligado en todo cambio de régimen, ante la limitada capacidad de abastecimiento por parte de cualquier fabricante, las necesidades postales quedaban por fin cubiertas con los nuevos sellos emitidos por el gobierno entrante. En el caso que nos ocupa, tomó éste la decisión de que fuesen reproducciones de las efigies de ilustres personalidades – Francisco Pi y Margall, Joaquín Costa, Nicolás Salmerón, Pablo Iglesias y Emilio Castelar –, a las que más adelante vinieron a unirse las de Vicente Blasco Ibáñez, Manuel Ruiz Zorrilla, Concepción Arenal, Gaspar Melchor de Jovellanos, Gumersindo de Azcárate, Mariana Pineda, Diego Velázquez y Fermín Salvoechea, así como las imágenes de las Casas colgantes de Cuenca, el Alcázar de Segovia y la Puerta del Sol de Toledo. Los distintos valores, emitidos entre 1931 y 1935, fueron grabados por Camilo Delhom, Pedro Pascual, Pablo Galindo y José Luis López Sánchez Toda, e impresos en calcografía por la FNMT. Como añadido a estos personajes puede señalarse a Santiago Ramón y Cajal, a quien se dedicó también un sello al mes de su muerte, en noviembre de 1934, debido a los buriles de Sánchez Toda e impreso también en calcografía por la FNMT. Siguieron al primer grupo de personajes los 16 sellos conmemorativos del III Congreso de la Unión Postal Panamericana, emitidos el 10 de octubre de 1931, debidos a los buriles de Delhom y Sánchez Toda, y necesitando recurrir a un par de firmas británicas para imprimir algunos de ellos. Dos meses más tarde se pusieron a la venta los 19 valores de la serie conmemorativa del IX Centenario del Monasterio de Montserrat que, aunque estuviese decidida su emisión con anterioridad al cambio de régimen, no deja de resultar significativo haber sido decretada por un gobierno defensor de la separación entre Iglesia y Estado, al tiempo que condescendiente con las fuertes presiones del catalanismo. En cualquier caso, la serie recibió duras críticas por parte del mundillo madrileño. Los sellos fueron grabados por Luis Sesé, José Luis López Sánchez Toda, Camilo Delhom y Pedro Pascual, con la colaboración auxiliar de Germán Martín Orbe, siendo impresos en calcografía por la FNMT. El 1 de agosto de 1935 se cumplieron 300 años de la muerte de Lope de Vega, disponiendo el gobierno su conmemoración mediante diversos actos culturales y académicos. Como uno más de aquellos, se puso en circulación una serie de cuatro sellos dedicados a dicho III Centenario, grabados por Delhom y Sánchez Toda, e impresos en calcografía por la FNMT. Otra serie de justificada significación fue la emitida el 14 de febrero de 1936, y dedicada al XL Aniversario de la Asociación de la Prensa. Sus 31 valores, en diez diseños distintos, fueron dedicados a los retratos de Miguel Moya, primer presidente de la entidad, Torcuato Luca de Tena, José Francos Rodríguez y Alejandro Lerroux; así como dos imágenes de distintas perspectivas de la fachada de la “Casa de Nazareth”, institución benéfica en favor de las huérfanas de periodistas; un águila de los Pirineos, como alegoría del “cuarto poder”; la fachada del Palacio de la Prensa de Madrid, sobrevolada por un avión; el vuelo imaginario de un Quijote y un Sancho en un caballo de madera; y, por fin, unos jóvenes vendedores de prensa ofreciendo sus periódicos a la carrera. Los autores de los diseños fueron Sánchez Toda de los cuatro retratos, y Joaquín Fernández Cano y Mariano Bertuchi del resto. Fueron magníficamente impresos en huecograbado en la casa Waterlow and Sons, Limited, de Londres. Tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior guerra civil, quedaron interrumpidos los servicios postales entre las dos zonas en que quedó dividida España. Como inmediata medida a la sublevación, el gobierno de la República implantó un eficaz correo de campaña entre los combatientes y sus hogares (“tarjeta postal de campaña” y el “Servicio de envíos populares”), permitiendo añadir al franqueo ordinario ciertas viñetas recaudatorias cuyos beneficios eran destinados a Ayuntamientos, sindicatos o grupos políticos. Se mantuvieron en circulación los sellos emitidos por los anteriores gobiernos republicanos que, ante su escasez, eran cortados al centro y usados por la mitad de su valor. Como nuevas emisiones, cabe señalar la modificación de algunas de las “ilustres personalidades” (Pablo Iglesias), así como la puesta en circulación de valores ya aprobados y aún no emitidos (Fermín Salvoechea o Velázquez). Tras los conmemorativos del pintor Gregorio Fernández y del autogiro, así como los de “cifras” y los dos dedicados al VII aniversario de la República, el gobierno quiso filatelizar la defensa de Madrid, para lo que reprodujo un diseño de Gabriel López, dibujado por Delhom, impreso en litografía en los talleres Rieusset de Barcelona, y emitido el 15 de abril de 1938. Coincidió su salida con el de la cabeza de mujer con gorro frigio, tenido por alegoría universal de la República y conocido como “la matrona”. El 1 de junio de 1938 se pusieron en circulación los dos sellos, de úni5 co diseño y llamativo colorido, obtenido del cruce de las banderas de los dos países, y que componían una bella y curiosa serie: la conmemorativa del 150 aniversario de la ratificación de la Constitución de los Estados Unidos de América. El diseño fue del director de la Agencia Filatélica Oficial de España, Arthur Barger, el dibujo de Camilo Delhom, siendo los sellos impresos en litografía por los talleres de Rieusset y Barguñó, sitos ambos en Barcelona. Ese mismo día – 1 de junio – se pusieron también en circulación los dos sellos con un único diseño, obra de Camilo Delhom, dedicados a la Cruz Roja Española, e impresos en calcografía por la FNMT. El bravo comportamiento de los obreros siderúrgicos de Sagunto en favor de la causa republicana justificó su homenaje mediante una serie de dos sellos a ellos dedicada, que se puso en circulación el 9 de agosto de 1938. De autor desconocido, los sellos fueron impresos por huecograbado en los talleres Oliva de Vilanova, de Barcelona. Mención aparte merece la famosa y controvertida serie del Correo Submarino, puesta en circulación el 11 de agosto de 1938 y formada por seis valores de tres diseños diferentes y una hoja bloque del terceto, con los que se aseguró inaugurarse dicho servicio postal. Los diseños fueron debidos la dibujante Antonio Sierra, siendo impresos por huecograbado en el Instituto Gráfico Oliva de Vilanova, de Barcelona. Quince días más tarde se emitió la serie homenaje a la 43 División, por su actuación en “la epopeya del Pirineo”, compuesta por dos diseños de autor desconocido, impresos en el mismo sistema y por la misma entidad barcelonesa que los anteriores. El 25 de noviembre se puso en circulación la serie homenaje al Ejército Popular, como reconocimiento a las milicias, los voluntarios y las Brigadas Internacionales. La serie constó de nueve sellos con tres diseños diferentes, grabados por Camilo Delhom e impresos por calcografía en la FNMT. Los dedicados al correo aéreo, obra del mismo autor, dieron paso a los que lo fueron al “correo de campaña”, que cierran el período con sus trece variopintos diseños, formatos e impresiones, aunque lo fueran todos ellos en la FNMT. A pesar de que, al comienzo del conflicto bélico, la correspondencia circulada por ambas zonas iba franqueada con los mismos sellos, en la ocupada por los rebeldes pronto empezaron a eliminarse los signos republicanos y emplearse “sobrecargas patrióticas”. Pero, enseguida, la Junta de Defensa Nacional ordenó la elaboración de sellos propios que, ante la permanencia de la FNMT en la zona fiel a la República, hubo de encargarlos a diversas entidades privadas de Zaragoza y Burgos, siendo su habitual autor el antiguo grabador de la entidad oficial, José Luis López Sánchez Toda, quien se había pasado a la zona rebelde. Las imágenes elegidas fueron las más representativas de las ciudades que se había unido a la rebelión, personajes históricos emblemáticos de la ideología por ellos defendida (el Cid, Reyes Católicos, Año Santo Compostelano…), o conmemorativas de acontecimientos políticos, como el II Aniversario del Alzamiento. Verdaderas bellezas de diseño, grabado e impresión fueron también muchas de las series emitidas durante el dilatado período franquista. Y así fueron universalmente reconocidas como obras maestras de la filatelia. Desde los del XIX Centenario de la venida de la Virgen del Pilar a Zaragoza (29 de enero de 1940), la Tauromaquia (19 de febrero de 1960), el IV Centenario de la Capitalidad de Madrid (13 de noviembre de 1961) o los Misterios del Santísimo Rosario (26 de octubre de 1962), así como las distintas emisiones de “Castillos” y “Paisajes y Monumentos”, son verdaderas obras del arte en miniatura. Cualquier catálogo de sellos consultado nos mostrará, a partir de 1975, toda una variadísima gama de bellas imágenes de los más heterogéneos temas, ejemplo de una sociedad mutante que pasaba sin solución de continuidad de una dictadura a una democracia similar a la del resto de los países europeos. Históricos uniformes militares, pintores, artesanía, flora, fauna, turismo, deportes, conmemoraciones varias, personajes históricos de toda tendencia y especialidad… Todo ello conformó un variopinto y hermoso mosaico representativo de las líneas estéticas e intereses de todo tipo, de aquella España que se asomaba a un mundo del que hacía años se había sentido ausente. Hasta que quiso el Correo español despedir la exclusividad de la utilización de la antigua moneda con la puesta en circulación, el 22 de septiembre del 2000, y por tercer año consecutivo, de la serie titulada “Correspondencia epistolar escolar”, que tuvo como objetivo el fomento de la correspondencia entre los escolares. Como en años anteriores, la emisión estuvo formada por dos minipliegos de 12 sellos cada uno y sendas viñetas sin valor postal. Durante dicho año y los dos siguientes, la serie estuvo dedicada a la Historia de España, siendo diseñada por los humoristas gráficos madrileños Gallego & Rey (José María Gallego y Julio Rey), y abarcando en este primero desde el hombre de Atapuerca hasta los Reyes Católicos. A comienzos del año 2002, doce países europeos habían renunciado ya a sus antiguas divisas como medio de pago, para ser sustituidas por la nueva moneda: el euro. Murió la vieja peseta española…, ¡larga vida al euro!

Eusebio Lucía Olmos